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Encubriendo identidades
Encubriendo identidades
Correr era en lo único que
Alexia podía pensar después de tal confesión, mas no podía hacerlo, el yeso se
lo impedía. Después de que Laurine pronunciara el nombre Evelyn, Alexia entró
en confusión y quiso buscar entre los clientes del café aquella persona dueña
de ese nombre. Pero al no encontrar a dicha mujer, se volteó sobre sí misma para
mirar a Laurine, y le preguntó: «¿Quién es Evelyn?» Sólo se escuchó una
carcajada, y provenía de la amiga de Dorian.
–– ¿De verdad no te acuerdas?
¡Evelyn, soy yo, Laurine!
Una persona que la conocía, la
primera que la identificaba con un nombre. A pesar que Alexia tenía un gran
parche sobre el rostro –por la quemadura del siniestro–, en el sector del pómulo,
la chica que tenía en frente la pudo identificar. No pasó ni medio minuto y
Dorian ya había hecho su entrada en medio del restaurant. Ambas lo observaron
con detención, Alexia intrigada y Laurine emocionada. En el rostro del médico
se veía el alivio que su paciente estuviese ahí; en todo el camino no pensó en
nada más que en Alexia, si había encontrado en lugar exacto. Laurine siguió
atendiendo las mesas, mientras que Alexia y Dorian tuvieron una breve y calmada
discusión. Ella en verdad quería saber cuáles eran las reales intenciones de su
doctor, si se conocieron en el en la época de la adolescentes en la preparatoria.
Aunque Alexia sabía que había perdido gran parte de su memoria y su actitud
fuese la de una adolescente, estaba consciente que en realidad era una adulta
de unos 25 años y debía conocer la realidad que la rodeaba. Dorian le hiso
saber que estaba igual de confundido que ella y por esa razón quería ofrecerle
su incondicional ayuda. De todas formas no respondió su pregunta.
En dirección al departamento de Dorian, ambos salieron del café en intervalos de tiempo: el médico salió antes, y breves segundos después le siguió Alexia. Ninguna de las calles por las que ambos transitaban se le hacían conocidas a Alexia, lo que la hacía sentir perdida en un mundo de hambrientos lobos.
–– Disculpa, pero… ¿dónde
estamos? –preguntó Alexia.
–– Esto es Nueva York, querida.
Estamos en Manhattan
Ciertamente, para Alexia
Manhattan era una ciudad de locos con glamour, un lugar donde todos los
colores y estilos se concentran para
hacer una explosión de moda. Luego de caminar poco menos de una cuadra, Dorian
le presentó su carro a Alexia. «Se te será muy difícil seguir caminando con las
muletas por estas calles, así que iremos en mi auto», le ofreció el profesional
de medicina. Con ayuda de Dorian, Alexia se subió al asiento del copiloto con
sumo cuidado; y ambos una vez dentro del vehículo, se dispusieron a seguir las
luces que la senda daba, rumbo al departamento del doctor.
En el trayecto, Alexia no podía
abrir más lo ojos del asombro que le causa lo que observaba por la ventana. Se
sorprendía con cada persona que llamaba su atención, fuera alta, pequeña,
gorda, delgada, no le importaba, sólo las observaba con detención y asombro.
Las tiendas que observaba al paso fueron las que robaron totalmente interés,
llenas de ropa elegancia, belleza y magia. Mas, Alexia no esperaba que un haz
de luz le traspusiera la vista… era un recuerdo. Se veía a ella misma unos 10
años menos observando aquellas tiendas, embobada por el encanto de las
combinaciones de colores. En sus ojos se veía la emoción por la ropa que veía
detrás de la vitrina. Una mujer, sin embargo, la tomó del brazo bruscamente y le
gritó algo, Alexia no podía escuchar, al parecer la estaba echando. Acto
seguido, Alexia abrió súbitamente la puerta del auto.
–– ¡Detente!
Dorian detuvo el vehículo lo más
pronto que pudo, antes de que Alexia pusiera siquiera un pie fuera de este. Ella
bajó rápidamente del auto y, en medio de la calzada, mientras toda la gente
pasaba por su lado mirándola con extrañeza, se percató de que todo fue una
ilusión.
–– ¿Qué rayos pasa? –preguntó
Dorian con molestia.
–– Me vi, estuve aquí
El nerviosismo invadía todo su
cuerpo, temblaba y no podía detenerse, incluso Dorian trataba de calmarla
preguntándole qué había visto, qué había recordado. Alexia sólo quería escapar.
Subieron nuevamente al auto, pero esa vez, Alexia no quiso mirar fuera por la
ventana, la congelaba el miedo a lo desconocido. No pasó mucho antes de llegar
al edificio donde se encontraba el departamento de Dorian. El portero recibió
al médico con la misma cortesía de todos los días, pero se sorprendió al ver que
llevaba una chica en su auto. Dorian no suele llevar chicas a su casa, sólo una
vez lo hizo y no terminó en muy buenos términos. El señor Nolan –el portero– no
quiso preguntar, no le correspondía conocer la respuesta; sin embargo, no hubo
necesidad que dijera palabra alguna, ni que diera indicios con su mirada,
Dorian educadamente le presentó a la chica. Le indicó que ella se quedaría unos
días en su departamento por asuntos del hospital y que por nada del mundo le
dijese al administrador que tenía una chica como huésped.
Ya habían pasado varias semanas
después el encuentro entre los hombres de McCarthy y Artemiz OPH [Organization of Professional Hitmen (Organización de Sicarios
Profesionales)],
la organización de Mike. Muchos pudieron escapar, pero la mayoría fueron capturados
por el gánster. Marca halló la forma
de guiar parte del equipo fuera del recinto sin que los matones se dieran
cuenta, pero fue un inútil intento. Alguien tuvo que decirles a los adeptos de
McCarthy donde se encontrarían para capturarlos. Mike, John, Bell y Rike fueron
algunos que lograron escapar.
–– Mike, ya hice contacto con
algunos –indicó John a su hermano mayor –. Te estarán esperando en el cementerio
Hollywood, cruzando la línea del tren.
–– De acuerdo. –Mike se veía
decidido, no quería seguir perdiendo más tiempo para encontrar al resto de su
equipo que había sido capturado. Los chicos que habían huido se habían
resguardado en la ciudad mientras esperaban el aviso de Mike.
Sólo después que los matones se
marcharon, los chicos pudieron salir del escondite subterráneo que estaba
cercano al lago, detrás de la casa. Se miraban unos a otros preguntándose si ya
era momento de regresar al sótano de la casa y ver quien había logrado escapar,
quien estaba herido, y quien había muerto. Cuando volvieron a la casa por los
túneles subterráneos, se encontraron con algunos de sus compañeros; siete estaban
heridos y se habían fingido muertos, y 3 había muerto realmente. A algunos heridos
intentaron prestarles primeros auxilios, pero ya era muy tarde, no había mucho
que hacer. Mike Turner veía el sufrimiento de su equipo y se culpaba a sí mismo
por ello; se veía las manos llenas de sangre y se preguntaba cómo el rechazo de
un trabajo pudo provocar tal tragedia. Los demás veían como su líder sufría,
pero estaban tan choqueados como él para consolarlo.
Luego de hacer el catastro de
quien estaba y quien no, decidieron que dejarían aquella casa; temían que los
matones volvieran y los descubrieran. Mike le pidió a Rike que arreglara los coches
que pudiera, pero a él se le hizo muy complicado hacerlo si la ayuda de su
ayudante, Danny, quien fue uno de los que McCarthy había capturado. Se habían
robado el helicóptero, lo que les imposibilitó a trasportar a los que estaban
heridos, que a pesar de ser muy pocos, necesitaban una atención médica con urgencia.
Sólo horas después los chicos
pudieron atenderse con un médico, quien fue secuestrado del hospital cercano a
la casa. Mientras, Mike, John y Rick se encaminaron hacia Richmond, Virginia la
ciudad más cercana, para encontrar a un tipo que les podía servir de ayuda. Joe Seagal era
el hombre, él podía hacer lo que le pidieran, sólo tenían que pagarle lo que se
creía que costaba el cuello de la persona que hacía el pedido. Para él era muy
costoso involucrarse con criminales, ya que ya había pasado una temporada en la
cárcel y sólo pudo salir del hoyo por buena conducta. No quería problemas.
Cuando llegaron a la ciudad,
contactaron a Seagal lo más pronto que pudieron. Mike necesitaba contactarse lo
más pronto posible con su equipo, y sobre todo con Jane para advertirle que
McCarthy ya los había encontrado, y para eso necesitaba un teléfono satelital; en
la casa lo habían destruido todo, y Bell necesitaba la ayuda de Vincent para
arreglar las computadoras y los teléfonos. La novia de Mike, Janina Dowski,
también tenía asuntos pendientes con Frederick McCarthy: él había asesinado a
su hermana mayor. El líder de Artemiz OPH nunca supo por qué la habían
asesinado, y tampoco quería preguntar.
Pasaron unos días antes de
encontrar el sitio donde Seagal contactaba a sus clientes cuando el pedido estaba
listo. John encontraba muy raro al tipo, se sentía desconfiado; sin embargo, su
hermano le pidió que guardase la calma, ya que en varias ocasiones anteriores
ese tipo les había salvado la vida a su hermano y a Marca. Cuando Joe los vio les hiso una seña para que no se acercaran
todavía, porque lo estaban vigilando. En los últimos meses, a Seagal lo habían
estado espiando constantemente, ya que había una sospecha de que aún estuviese
involucrado en el negocio del robo de identidades. Una vez que se liberó, les
indicó a los chicos donde debían encontrarse. Ese lugar era la línea del tren
cercano al cementerio Mount Calvary. No pasaron más de dos horas antes de que
Seagal apareciera. Estaba todo sudado, se podía ver en él mucha preocupación
por la presencia de Mike, ya que en parte lo culpaba a él por haber sido
condenado 5 años a la cárcel.
–– ¿No te dije expresamente que
no te acercaras a este lugar? –reprochó Joe a Mike.
–– No recuerdo eso. Como sea,
necesito que me hagas un favor.
–– ¿Estás demente? Estuve en la
cárcel, no quiero problemas. –Seagle estaba a punto de marcharse, pero el
sonido de las sirenas de la policía lo detuvieron y lo obligaron a esconderse
entre los arbustos. El resto sólo lo siguió.
Luego de que el sonido se
alejase, Rike se percató de que no hubiese nadie. Lo que descubrió fue un grupo
de niños jugando a los policías y ladrones. «¿Y por eso me escondí?», masculló
Seagal. En medio de los árboles y los arbustos, Mike retomó la conversación y
le explicó lo que necesitaba: dos teléfonos satelitales, una nueva identidad y
algo de dinero. El rostro de Joe Seagal lo decía todo: definitivamente no
quería aceptar; sin embargo, Mike le recordó los viejos tiempos, cuando se
conocieron con Marca en el bar. Hace
ya 7 años, Turner, Seagal y Marca
habían estado involucrados en una pelea de bar. Ninguno se conocía, pero en sus
rostros se transmitieron confianza. La pelea realmente no era de ninguno de los
tres, sólo había empezado porque Joe estaba defendiendo a un amigo que se
estaba metiendo con unos tipos muertos de hambre. Después de conocerse se
hicieron muy buenos amigos.
–– Estas de suerte –admiró
Seagal a su viejo amigo–. Antes de ayer me llegaron varios aparatos que te
pueden servir.
–– Gracias, viejo amigo. –Mike abrazó
a Joe de sobremanera y luego se despidieron.
Días después, John empezó a dejar
pistas para los chicos para que pudieran localizarlos y así maquinar un plan
para rescatar a su equipo. Eso pasó sólo dos semanas después. Para los que
habían huido a la ciudad –eran alrededor de siete personas– les fue muy difícil
hallar a su líder, pero finalmente lo hicieron. Ya estaban todos juntos en el
cementerio, faltaban muchos y se notaba. Mike les pidió a los chicos que trasladasen
con suma rapidez y cuidado a los que estaban aún en la casa, advirtiéndoles que
tuvieran precaución. El lugar ya no era seguro, temía que pudieran haber instalado
trampas, cámaras, entre otras cosas.
«Me iré a Nueva Jersey a buscar
a Jane. Ella puede ayudarnos», informó Turner. Su equipo no lo tomó muy bien,
sobre todo John, pero comprendían que necesitarían a Jane para localizar a ese condenado
gánster. Ya sabían que posiblemente estuviera en una de las islas del Caribe,
pero no sabían si aún continuaba ahí. Uno de los que había escapado, Speedy Dunner, les informó a los demás
que el jefe de los adeptos estaba en Estados Unidos todavía. Aquella
información les servía mucho. Mike tenía que separarse de los chicos, ya era
tiempo de que se juntara con su viejo amigo para que le pasara su nueva identificación
y pasaporte. Speedy encaminó a John y
Rick al escondite que habían encontrado, mientras que Mike partía rumbo al
aeropuerto.
Ya ha pasado un tiempo desde que
Turner llegó a Nueva Jersey como Noah Urie, un investigador privador con un
turbulento pasado. Cuando llegó al lugar donde antiguamente se alojaba con
Jane, la propietaria le informó que ella ya no estaba ahí. «Janina se fue hace
unos 8 meses a Nueva York», le indicó la dueña de la hostería. Antes de que
Mike se fuera a recaudar más información, la propietaria le entregó una carta
que Jane había dejado en sus manos para Mike. En ella, Jane le comunicaba que
le habían asignado un «trabajo», y para poder realizarlo tenía que viajar a
Nueva York y encontrar a una chica llamada Alexia McFly.
«Aveces cuando no se puede ser alguien más no queda más que escapar hacia nuestro verdadero yo y fingir que no somos alguien más».
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