enero 06, 2013

MEMORIA - Capítulo 04

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Encubriendo identidades


Correr era en lo único que Alexia podía pensar después de tal confesión, mas no podía hacerlo, el yeso se lo impedía. Después de que Laurine pronunciara el nombre Evelyn, Alexia entró en confusión y quiso buscar entre los clientes del café aquella persona dueña de ese nombre. Pero al no encontrar a dicha mujer, se volteó sobre sí misma para mirar a Laurine, y le preguntó: «¿Quién es Evelyn?» Sólo se escuchó una carcajada, y provenía de la amiga de Dorian.

–– ¿De verdad no te acuerdas? ¡Evelyn, soy yo, Laurine!

Una persona que la conocía, la primera que la identificaba con un nombre. A pesar que Alexia tenía un gran parche sobre el rostro –por la quemadura del siniestro–, en el sector del pómulo, la chica que tenía en frente la pudo identificar. No pasó ni medio minuto y Dorian ya había hecho su entrada en medio del restaurant. Ambas lo observaron con detención, Alexia intrigada y Laurine emocionada. En el rostro del médico se veía el alivio que su paciente estuviese ahí; en todo el camino no pensó en nada más que en Alexia, si había encontrado en lugar exacto. Laurine siguió atendiendo las mesas, mientras que Alexia y Dorian tuvieron una breve y calmada discusión. Ella en verdad quería saber cuáles eran las reales intenciones de su doctor, si se conocieron en el en la época de la adolescentes en la preparatoria. Aunque Alexia sabía que había perdido gran parte de su memoria y su actitud fuese la de una adolescente, estaba consciente que en realidad era una adulta de unos 25 años y debía conocer la realidad que la rodeaba. Dorian le hiso saber que estaba igual de confundido que ella y por esa razón quería ofrecerle su incondicional ayuda. De todas formas no respondió su pregunta.


En dirección al departamento de Dorian, ambos salieron del café en intervalos de tiempo: el médico salió antes, y breves segundos después le siguió Alexia. Ninguna de las calles por las que ambos transitaban se le hacían conocidas a Alexia, lo que la hacía sentir perdida en un mundo de hambrientos lobos.

–– Disculpa, pero… ¿dónde estamos? –preguntó Alexia.
–– Esto es Nueva York, querida. Estamos en Manhattan

Ciertamente, para Alexia Manhattan era una ciudad de locos con glamour, un lugar donde todos los colores  y estilos se concentran para hacer una explosión de moda. Luego de caminar poco menos de una cuadra, Dorian le presentó su carro a Alexia. «Se te será muy difícil seguir caminando con las muletas por estas calles, así que iremos en mi auto», le ofreció el profesional de medicina. Con ayuda de Dorian, Alexia se subió al asiento del copiloto con sumo cuidado; y ambos una vez dentro del vehículo, se dispusieron a seguir las luces que la senda daba, rumbo al departamento del doctor.
En el trayecto, Alexia no podía abrir más lo ojos del asombro que le causa lo que observaba por la ventana. Se sorprendía con cada persona que llamaba su atención, fuera alta, pequeña, gorda, delgada, no le importaba, sólo las observaba con detención y asombro. Las tiendas que observaba al paso fueron las que robaron totalmente interés, llenas de ropa elegancia, belleza y magia. Mas, Alexia no esperaba que un haz de luz le traspusiera la vista… era un recuerdo. Se veía a ella misma unos 10 años menos observando aquellas tiendas, embobada por el encanto de las combinaciones de colores. En sus ojos se veía la emoción por la ropa que veía detrás de la vitrina. Una mujer, sin embargo, la tomó del brazo bruscamente y le gritó algo, Alexia no podía escuchar, al parecer la estaba echando. Acto seguido, Alexia abrió súbitamente la puerta del auto.

–– ¡Detente!

Dorian detuvo el vehículo lo más pronto que pudo, antes de que Alexia pusiera siquiera un pie fuera de este. Ella bajó rápidamente del auto y, en medio de la calzada, mientras toda la gente pasaba por su lado mirándola con extrañeza, se percató de que todo fue una ilusión.

–– ¿Qué rayos pasa? –preguntó Dorian con molestia.
–– Me vi, estuve aquí

El nerviosismo invadía todo su cuerpo, temblaba y no podía detenerse, incluso Dorian trataba de calmarla preguntándole qué había visto, qué había recordado. Alexia sólo quería escapar. Subieron nuevamente al auto, pero esa vez, Alexia no quiso mirar fuera por la ventana, la congelaba el miedo a lo desconocido. No pasó mucho antes de llegar al edificio donde se encontraba el departamento de Dorian. El portero recibió al médico con la misma cortesía de todos los días, pero se sorprendió al ver que llevaba una chica en su auto. Dorian no suele llevar chicas a su casa, sólo una vez lo hizo y no terminó en muy buenos términos. El señor Nolan –el portero– no quiso preguntar, no le correspondía conocer la respuesta; sin embargo, no hubo necesidad que dijera palabra alguna, ni que diera indicios con su mirada, Dorian educadamente le presentó a la chica. Le indicó que ella se quedaría unos días en su departamento por asuntos del hospital y que por nada del mundo le dijese al administrador que tenía una chica como huésped.
Ya habían pasado varias semanas después el encuentro entre los hombres de McCarthy y Artemiz OPH [Organization of Professional Hitmen (Organización de Sicarios Profesionales)], la organización de Mike. Muchos pudieron escapar, pero la mayoría fueron capturados por el gánster. Marca halló la forma de guiar parte del equipo fuera del recinto sin que los matones se dieran cuenta, pero fue un inútil intento. Alguien tuvo que decirles a los adeptos de McCarthy donde se encontrarían para capturarlos. Mike, John, Bell y Rike fueron algunos que lograron escapar.

–– Mike, ya hice contacto con algunos –indicó John a su hermano mayor –. Te estarán esperando en el cementerio Hollywood, cruzando la línea del tren.
–– De acuerdo. –Mike se veía decidido, no quería seguir perdiendo más tiempo para encontrar al resto de su equipo que había sido capturado. Los chicos que habían huido se habían resguardado en la ciudad mientras esperaban el aviso de Mike.

Sólo después que los matones se marcharon, los chicos pudieron salir del escondite subterráneo que estaba cercano al lago, detrás de la casa. Se miraban unos a otros preguntándose si ya era momento de regresar al sótano de la casa y ver quien había logrado escapar, quien estaba herido, y quien había muerto. Cuando volvieron a la casa por los túneles subterráneos, se encontraron con algunos de sus compañeros; siete estaban heridos y se habían fingido muertos, y 3 había muerto realmente. A algunos heridos intentaron prestarles primeros auxilios, pero ya era muy tarde, no había mucho que hacer. Mike Turner veía el sufrimiento de su equipo y se culpaba a sí mismo por ello; se veía las manos llenas de sangre y se preguntaba cómo el rechazo de un trabajo pudo provocar tal tragedia. Los demás veían como su líder sufría, pero estaban tan choqueados como él para consolarlo.
Luego de hacer el catastro de quien estaba y quien no, decidieron que dejarían aquella casa; temían que los matones volvieran y los descubrieran. Mike le pidió a Rike que arreglara los coches que pudiera, pero a él se le hizo muy complicado hacerlo si la ayuda de su ayudante, Danny, quien fue uno de los que McCarthy había capturado. Se habían robado el helicóptero, lo que les imposibilitó a trasportar a los que estaban heridos, que a pesar de ser muy pocos, necesitaban una atención médica con urgencia.
Sólo horas después los chicos pudieron atenderse con un médico, quien fue secuestrado del hospital cercano a la casa. Mientras, Mike, John y Rick se encaminaron hacia Richmond, Virginia la ciudad más cercana, para encontrar a un tipo que les podía servir de ayuda. Joe Seagal era el hombre, él podía hacer lo que le pidieran, sólo tenían que pagarle lo que se creía que costaba el cuello de la persona que hacía el pedido. Para él era muy costoso involucrarse con criminales, ya que ya había pasado una temporada en la cárcel y sólo pudo salir del hoyo por buena conducta. No quería problemas.
Cuando llegaron a la ciudad, contactaron a Seagal lo más pronto que pudieron. Mike necesitaba contactarse lo más pronto posible con su equipo, y sobre todo con Jane para advertirle que McCarthy ya los había encontrado, y para eso necesitaba un teléfono satelital; en la casa lo habían destruido todo, y Bell necesitaba la ayuda de Vincent para arreglar las computadoras y los teléfonos. La novia de Mike, Janina Dowski, también tenía asuntos pendientes con Frederick McCarthy: él había asesinado a su hermana mayor. El líder de Artemiz OPH nunca supo por qué la habían asesinado, y tampoco quería preguntar.
Pasaron unos días antes de encontrar el sitio donde Seagal contactaba a sus clientes cuando el pedido estaba listo. John encontraba muy raro al tipo, se sentía desconfiado; sin embargo, su hermano le pidió que guardase la calma, ya que en varias ocasiones anteriores ese tipo les había salvado la vida a su hermano y a Marca. Cuando Joe los vio les hiso una seña para que no se acercaran todavía, porque lo estaban vigilando. En los últimos meses, a Seagal lo habían estado espiando constantemente, ya que había una sospecha de que aún estuviese involucrado en el negocio del robo de identidades. Una vez que se liberó, les indicó a los chicos donde debían encontrarse. Ese lugar era la línea del tren cercano al cementerio Mount Calvary. No pasaron más de dos horas antes de que Seagal apareciera. Estaba todo sudado, se podía ver en él mucha preocupación por la presencia de Mike, ya que en parte lo culpaba a él por haber sido condenado 5 años a la cárcel.

–– ¿No te dije expresamente que no te acercaras a este lugar? –reprochó Joe a Mike.
–– No recuerdo eso. Como sea, necesito que me hagas un favor.
–– ¿Estás demente? Estuve en la cárcel, no quiero problemas. –Seagle estaba a punto de marcharse, pero el sonido de las sirenas de la policía lo detuvieron y lo obligaron a esconderse entre los arbustos. El resto sólo lo siguió.

Luego de que el sonido se alejase, Rike se percató de que no hubiese nadie. Lo que descubrió fue un grupo de niños jugando a los policías y ladrones. «¿Y por eso me escondí?», masculló Seagal. En medio de los árboles y los arbustos, Mike retomó la conversación y le explicó lo que necesitaba: dos teléfonos satelitales, una nueva identidad y algo de dinero. El rostro de Joe Seagal lo decía todo: definitivamente no quería aceptar; sin embargo, Mike le recordó los viejos tiempos, cuando se conocieron con Marca en el bar. Hace ya 7 años, Turner, Seagal y Marca habían estado involucrados en una pelea de bar. Ninguno se conocía, pero en sus rostros se transmitieron confianza. La pelea realmente no era de ninguno de los tres, sólo había empezado porque Joe estaba defendiendo a un amigo que se estaba metiendo con unos tipos muertos de hambre. Después de conocerse se hicieron muy buenos amigos.

–– Estas de suerte –admiró Seagal a su viejo amigo–. Antes de ayer me llegaron varios aparatos que te pueden servir.
–– Gracias, viejo amigo. –Mike abrazó a Joe de sobremanera y luego se despidieron.

Días después, John empezó a dejar pistas para los chicos para que pudieran localizarlos y así maquinar un plan para rescatar a su equipo. Eso pasó sólo dos semanas después. Para los que habían huido a la ciudad –eran alrededor de siete personas– les fue muy difícil hallar a su líder, pero finalmente lo hicieron. Ya estaban todos juntos en el cementerio, faltaban muchos y se notaba. Mike les pidió a los chicos que trasladasen con suma rapidez y cuidado a los que estaban aún en la casa, advirtiéndoles que tuvieran precaución. El lugar ya no era seguro, temía que pudieran haber instalado trampas, cámaras, entre otras cosas.
«Me iré a Nueva Jersey a buscar a Jane. Ella puede ayudarnos», informó Turner. Su equipo no lo tomó muy bien, sobre todo John, pero comprendían que necesitarían a Jane para localizar a ese condenado gánster. Ya sabían que posiblemente estuviera en una de las islas del Caribe, pero no sabían si aún continuaba ahí. Uno de los que había escapado, Speedy Dunner, les informó a los demás que el jefe de los adeptos estaba en Estados Unidos todavía. Aquella información les servía mucho. Mike tenía que separarse de los chicos, ya era tiempo de que se juntara con su viejo amigo para que le pasara su nueva identificación y pasaporte. Speedy encaminó a John y Rick al escondite que habían encontrado, mientras que Mike partía rumbo al aeropuerto.
Ya ha pasado un tiempo desde que Turner llegó a Nueva Jersey como Noah Urie, un investigador privador con un turbulento pasado. Cuando llegó al lugar donde antiguamente se alojaba con Jane, la propietaria le informó que ella ya no estaba ahí. «Janina se fue hace unos 8 meses a Nueva York», le indicó la dueña de la hostería. Antes de que Mike se fuera a recaudar más información, la propietaria le entregó una carta que Jane había dejado en sus manos para Mike. En ella, Jane le comunicaba que le habían asignado un «trabajo», y para poder realizarlo tenía que viajar a Nueva York y encontrar a una chica llamada Alexia McFly.


«Aveces cuando no se puede ser alguien más no queda más que escapar hacia nuestro verdadero yo y fingir que no somos alguien más».

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