Ellos se prometieron el mundo entero. Ella le prometió nunca dejarlo de amar, él nunca abandonarla. Ella cumplió su promesa... pero su novio no. Él la
abandonó el mismo instante en que conoció a otra chica, una chica más
preocupada por sí misma, más guapa. La describía como la perfección hecha carne, un ángel entregado como un regalo divino.
La chica de la promesa no comprendía que veía, si era a su novio con otra chica o satanás encantado con una luz brillante. No entendía que sucedía en su corazón, era un sentimiento desconocido para una persona que nunca conoció el mal humano. En su mente pasaban imágenes sádicas, llenas de sangre... quería ver a esos dos muertos. Un día cualquiera, en su mente comenzó a maquinar un plan macabro, inimaginable para aquellos que no han sufrido por amor hasta el punto de matar. Elaboró la venganza menos pensada contra el chico que la hizo conocer el amor y a quien les entregó todo su ser.
Un día nublado
a las 3 de la tarde, Diana, la chica del corazón roto y de la luz hecha oscuridad, decidió salir como todos los sábados a comprar, luego de eso nada, sólo un incómodo silencio aterrador. Hasta el momento
nadie sabe que ocurrió, nadie quiso saber nada. Como siempre la ignorancia humana ganó al final de la contienda; nadie quiso ver más allá de sus narices y notar que la luz de una niña se estaba extinguiendo por la insensatez de un hombre... Ya era tarde, la cartas estaban sobre la mesa y nada se podía hacer por aquellos dos que se encontraron en la entrada de una iglesia, sin corazón,
sin ojos... y sin piel.
Al cabo de unas horas, Diana fue encontrada en un cementerio... degollada. Había una nota bajo sus pies, la había escrito antes de morir:
«El amor te roba el corazón, no puedes dejar de mirar a aquel que te roba el sueño, y cuando lo tienes cerca, la piel se te eriza de sólo pensar en sus caricias... Eso para ellos ya no será un problema, los he salvado de la perdición. En cuanto a mí, he perdido la cabeza por el amor».

No hay comentarios:
Publicar un comentario