febrero 28, 2013

COMO AYER - Capítulo I


CAPÍTULO  I  
(« NARRACIÓN CHRISTOPHER »)


Los secretos que ocultamos, los de nuestro pasado, nos persiguen hasta el confín de los días que nos quedan sobre la tierra que pisamos. Hay secretos que se comparten y otros que no, secretos que no podemos y no queremos decir porque podría arruinar lo que otros han pensado de nosotros. Pero un secreto tan grande como el mío, que ni siquiera es únicamente mío me persigue hasta lo que muchos conocen como el presente.
Dentro de mi razón, la aparición de un ente que en el pasado se cruzó en mi camino no cabía, para mí era sólo una alucinación colectiva. Parpadeaba con gran rapidez para borrar lo que creía que mi mente estaba imaginando, pero era inútil, verdaderamente era él, aquel que corrompió mis pensamientos haciendo que dudara de mí mismo, de quien realmente soy. No podía creer que todavía, después de tres años de no verle, su presencia me siguiera atormentando. Muy poco tiempo tal vez, pero el suficiente para olvidar a una persona que a mi parecer me hizo mal.
El profesor de nuestra clase lo presentó ante el resto de mis compañeros, quienes lo miraban con gran extrañeza o gran admiración. Las chicas de mi clase no se contienen cunado se expresar sus sentimientos se trata, menos cuando es alguien que consideran guapo. Yo me considero un chico guapo, pero creo que para ellas –por verme desde hace más de dos años todos los días– ya no piensan lo mismo.

–– Jorquera, siéntate junto a Sandoval –le indicó el profesor.
–– ¿Quién es Sandoval? –preguntó el chico. El profesor estaba apuntando hacía un asiento, justo frente al mío. – ¿La chica delante del chico de pañoleta?
–– Exactamente ahí
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Que podía esperar, el destino me estaba tendiendo una trampa y no había nada para que yo pudiese evitarla. Al parecer no tenía en consideración el sufrimiento que estaba sintiendo en ese momento teniéndolo justo frente a mí. La clase avanzó como si nada, el tiempo decidió tomar su propio curso como siempre. Aquel que tenía en frente no perdió la oportunidad para verme, pero yo no estaba dispuesto a verificar si era él, Dan Jorquera, aquel que fue mi amigo, a quien le di toda mi confianza, aquel que sin pensarlo me convirtió en una aberración.
Sin duda, la escuela es un período increíble, uno nunca sabe que le tendrá preparado el destino dentro de ese edificio que se supone sirve para sólo estudiar. El año escolar estaba a la mitad, recién estábamos llegando de nuestras vacaciones de invierno, por eso toda mi clase miró a Dan con extrañeza. Comúnmente, es raro ver a un nuevo compañero a mediados de año, ya que las razones más frecuentes para aquel exagerado cambio son: un mal comportamiento en su anterior colegio o haber sido víctima de bullying, y por como yo recuerdo al que fue mi compañero, amigo, hermano, él nunca se dejaría llevar por los comentarios malintencionados que tienen varios seres humanos para sentirse superiores al resto de la humanidad.
El día avanzó como siempre, lento. A pesar que en la educación secundaria el tiempo se hace cada vez más corto, cuando se llega recién de unas vacaciones el tiempo es eterno… por lo menos para mí lo era. En la tarde, la gran mayoría de mi curso no quería hacer Educación Física, ya que se había dicho en las noticias que haría mal clima ese día. Por mi lado, con mis mejores amigos, Mauricio y Giselle, no nos importaba mucho si se haría o no la clase ya que todos teníamos una justificación para no ejercitarnos esa tarde: Mauricio había sufrido un accidente montando en patineta, en el cual resulto con un esguince en la mano y pierna derecha; y Giselle estaba eximida por una escoliosis. En cambio yo, tenía una licencia falsa que me había hecho un amigo. Todo estaba a su perfección.

–– No creo que el profe se dé cuenta que la justificación es falsa –me comentó Mau –como le decimos a Mauricio.
–– Yo creo que sí si lo sigues publicando, así que cállate –le exhorté.
–– Chicos, mejor no digan nada ambos porque ahí viene el profesor Carmona –nos sugirió Giselle a ambos. Una vez que el profesor puso un pie en la sala, todos mis compañeros se dispusieron a sentar en sus respectivos puestos. Para la mala suerte de todo el resto de mi curso, el profesor si nos bajó para hacer educación física en el gimnasio. A muchos se les había olvidado que el gimnasio techado ya había sido arreglado. Cuando el profesor preguntó por aquellos que no podían participar de su clase, nosotros tres y unos cuantos más nos acercamos a su escritorio y le entregamos nuestras justificaciones. Te imaginarás que ocurrió.
–– Seguro yo nací ayer. Valenzuela, ¿crees que soy un idiota que no me doy cuenta que esto es falso?
–– Como cree eso profe, yo nunca he pensado eso que dice –expliqué.
–– Entonces no te molestará que vea la firma de tu mamá en una de tus comunicaciones.

Me había pillado totalmente, no tenía donde escapar. Realmente a ese profesor no se le podía hacer el tonto tan fácilmente. Como castigo a mi falsificación, me tomó como ayudante de su clase por lo que quedaba de la semana. No creas que era un trabajo fácil, ya que implicaba cargar todos los implementos de educación física sin ayuda y ayudarlo en sus ejercicios, un trabajo duro para quien es un holgazán empedernido, además de un gamer muy obstinado.
Aquel jueves, fue realmente insoportable hasta el final, con todo lo que sucedió esa mañana y el resto del día, estaba realmente fatigado, y esperaba que pudiera suceder cualquier cosa. Mientras descansábamos de un ejercicio, me acerqué a los chicos para que sostuvieran mi chaqueta y poder seguir ejercitándome cómodamente, pero de un momento a otro mi pensamiento cambió. Giselle me preguntó si Dan se me había acercado mientras ellos no estaban, a lo que respondí que no, pero me dejó con la duda si él realmente se me acercaría en algún momento. En todo mi cuerpo comencé a sentir escalofríos y mi frente tenía sudor frío, era frustrante pensar que algo pudiera pasar, realmente esperaba que él se me acercaría sorpresivamente.
Mis pensamientos y comentarios hacia mí mismo no fueron poco asertivos. Cuando se termina la clase de Ed. Física, las duchas están a nuestra disposición para asearnos, pero el último en salir tiene que apagar el calefón y cerrar la puerta de los camerinos. Para mi mala suerte, yo era siempre el último en salir –me tomaba mi tiempo en ducharme y arreglarme– y Dan se me podría acercar de la nada y aprovechar la ausencia de nuestros compañeros para hacer algo. Estaba aterrado, y no porque fuera cobarde, sino porque conocía muy bien a ese tipo para imaginarme –gracias a mi mente retorcida por su culpa– que estaría pasando por su cabeza.
Acababa de salir de la ducha cuando él repentinamente entró a las duchas. Dado a que era su primer día y no tenía el horario de nuestras clases, no participó de la clase y sólo se quedó a mirar. Dan estaba acompañado. El profesor estaba ocupado entrenando a mi curso para explicarle algunas cosas a Dan, así que aprovechó a que la clase terminara y lo llevó a los camerinos.

–– Ahí están las duchas, por ese sector el calefón –explicaba el profesor a Dan. – Si tienes alguna duda se la puedes preguntar a Valenzuela, –refiriéndose a mí– él conoce todo lo que se debe hacer cuando se quedan al último en las duchas. Estaba totalmente perdido. Cuando el profesor se fue nos dejó completamente solos en el lugar, y procedió a atacar.
–– Cuanto tiempo, ¿no crees? –comentó Dan.
–– Eres un bastardo, ¿qué diablos haces aquí? –exhorté.
–– No lo sé, dime tú –Dan sonrió burlesco. Estaba totalmente dispuesto a traer el pasado hacia el presente.

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