Direcciones y caminos
Ninguno de los agentes que llegaron
después para ayudar a su colega puso una opresión sobre Alexia para que los
acompañara al departamento de policía. Se suponía que iba a ser un día
realmente extraordinario y fuera de lo común, y como Alexia lo ponía en su
mente, el día se llevó el premio mayor. En el auto donde Alexia iba la
acompañaban, además del conductor, otros dos agentes, un hombre y una mujer. La
agente especial Margaret Green y joven agente Patrick Slater. Ella aparentaba
ser una mujer dura y agria –a pesar de simular unos 30 años–, como si estuviera
despechada por el amor y la vida que le tocó vivir; y él parecía un chico que
acababa de salir de la academia, bastante ingenuo y reservado.
La sede del FBI en Manhattan estaba
siendo visitado por el gobernador de Nueva York y sólo el director sabía la
razón de tal visita. Por tal razón, los agentes que custodiaban a Alexia no
podían llevarla a su propia sala de interrogaciones. Además, el caso que
involucraba a la señorita McFly estaba siendo duramente cuestionado por los
directivos del departamento, diciendo que sólo era una pérdida de tiempo, dado
las circunstancias que fue ocurrido en accidente. Al agente Scofield no le
quedó más que pedir una solicitud para utilizar la sala de interrogaciones de
la policía local.
Al llegar al departamento de
policía, todos quedaron sorprendidos al ver que tres agentes especiales del FBI
hacían su entrada en el departamento junto a quien podría ser una sospechosa o
una testigo. Al parecer, además del capitán, nadie sabía cuál era la causa de
aquella visita; todos los curiosos decidieron seguirlos hasta la sala de
interrogaciones. Los policías detrás del espejo discutían si fue lo mejor haber
prestado la sala de interrogación al FBI sabiendo que ellos tenían la propia,
pero el capitán hizo callar a todos aquellos que tenían una objeción con la
decisión que tomó su jefe. Al escuchar la estrepitosa voz del capitán, todos decidieron
callar, acatando sus órdenes, y se dispusieron a escuchar la interrogación. En
la sala, la agente Green comenzó a formular una serie de interrogantes que para
Alexia eran una cadena de desconocidas historias que nunca antes había
escuchado..
–– Según entendemos, señorita
McFLy, usted sufrió un accidente automovilístico, ¿no es así? En el cual usted
resultó gravemente herida. ¿Me podría decir cuáles fueron los detonantes para
que aquello ocurriera?
–– Señorita, la verdad no
quisiera responder –replicó Alexia.
Su rostro estaba pálido, Alexia
estaba totalmente aterrada por aquello que su memoria guardaba con recelo en su
interior. No podía parar de mirar las cuatro paredes que la rodeaban, estaba
sumamente nerviosa por lo desconocido, y en su inquietud pidió que llamaran al
Dr. Dorian Harris del Bellevue Hospital Center para que acudiera en su ayuda,
si no Alexia no ayudaría con el caso, aunque implicara ocultar su propia
verdad. Realmente no quería aceptar aquella condición, pero el agente Scofield
accedió a cooperar si ella también lo hacía con el FBI. Viendo que, hasta que
el profesional de medicina no llegara al departamento Alexia no pronunciaría
ninguna palabra –aunque realmente no supiera nada de nada–, ellos no obtendrían
nada. Decidieron mejor salir por un momento y tener una corta discusión con el
capitán de policía. Lo único que ellos querían saber era la verdad de tanto
encubrimiento y el capitán quería tenerlos fuera lo antes posible. En la
oficina y a puerta cerrada, los cuatro comenzaron su extendida plática.
Todos estaban curiosos sobre la
aparición del FBI en un caso como aquel, ya que para todo el departamento de
policía el accidente ocurrido frente a Tompkins Square Park sólo fue el
impremeditado caso de dos mujeres que no respetaron el rojo del semáforo dado a
las condiciones del piso. El día en que ocurrió el trágico infortunio fue uno
de los más fríos de febrero de ese año. El día anterior había sobrevenido sobre
las calles de Manhattan una fuerte tormenta. Incluso al día siguiente se
prohibió a los ciudadanos que condujeran sus automóviles debido a las
condiciones del asfalto, el cual estaba prácticamente congelado, cubierto de
nieve. Lo más probable era que la mujer que estaba al volante el día del
accidente no haya respetado las advertencias de la policía acerca de las
condiciones óptimas más trasportarse, terminando ella muerta y su compañera mal
herida y en coma. Al menos todos pensaban que Alexia aún continuaba en coma en
el hospital.
–– Bueno capitán, podemos
decirle que aquella chica ya despertó del coma y ha estado caminando por las
calles de Manhattan desde hace más o menos dos meses– le aclaró Green.
–– Y no sólo eso. El hospital en
donde estaba internada la mujer de la sala de investigaciones, estaba ocultando
toda información sobre ella –agregó Slater.
Completamente anonadado, el
capitán no comprendía como el director de un hospital tan importante ocultó una
información tan valiosa como el diagnóstico de una paciente. Los agentes del
FBI nunca dejaron de estar pendientes de las actividades del hospital y menos
de su director.
Cuando Dorian recibió la llamada
del departamento de policía acerca de Alexia, dejó todo botado, incluso una
operación que iba a estar en curso minutos más tarde. No sabía que responder,
pero si Schwartz le impedía a su médico estrella ir en ayuda de alguien que la
necesitaba, él no se lo perdonaría. Pocos minutos después de haber colgado la
llamada, hizo su aparición en el departamento preguntado por Alexia. Todos los
policías de oficina que estaban ahí lo miraron con extrañeza, quién era Alexia
McFly se preguntaban unos a otros. De pronto, uno de los policías que estaba en
la sala de interrogaciones se le acercó y lo encaminó a la oficina del
director, donde estaban las personas que responderían sus dudas.
Una vez dentro, Dorian notó una
oficina muy limpia y ordenada, sencilla y estratégicamente decorada, y a cuatro
sujetos que él suponía eran policías, mas sus dudas fueron despejadas cuando
los tres agentes especiales decidieron presentársele. Estaba perplejo, la
aparición del FBI a su alrededor se hacía gradualmente más notoria e
inevitable. Después de que los tres agentes se presentaron, le explicaron al
médico que Alexia McFly estaba siendo interrogada por el FBI por estar
involucrada en al extraño accidente del 15 de febrero de ese año, en dónde
terminó con múltiples heridas, lesiones y quemaduras.
–– Suponemos que usted Dr.
Harris, estaba al tanto de que una paciente fue escondida de la policía, sin
ninguna razón aparente –indicó Green.
–– Esa paciente, Alexia McFly,
no fue ocultada –aclaró Dorian. – Ella sencillamente fue trasferida a otro
hospital una vez que despertó del coma, ya que el hospital no podía seguir sosteniendo
sus gastos.
–– Entonces, ¿por qué ella dice
que no quiere responder? –cuestionó Slater.
–– Porque ella fue diagnosticada
con una amnesia temporal por causa de una contusión en la parte lateral de la
cabeza. En otras palabras, ella no recuerda nada…
Su sorpresa era indescriptible. Para los
agentes del FBI el hecho que Alexia tuviera amnesia fue una noticia impactante
y poco agradable, ya que retrasaba en gran cantidad la investigación de los
reales detonadores del siniestro. Los cuatro –los agentes y Dorian– se
encaminaron a la sala de investigaciones a encontrar a Alexia y decirle que ya
no iban a necesitar de su ayuda… por el momento, hasta que recupere su memoria
totalmente, o sólo lo que ellos necesitan saber.
Por su lado, Mike estaba
llevando a cabo una ardua búsqueda para encontrar a Jane a través de su carta, que
indicaba con sumo cuidado los pasos que debía seguir si quería encontrarla. La
carta decía:
«Con todo el cariño que te tengo, debo dejarte por el momento. La
compañía quiere que ayude a alguien a ir a un mejor lugar. El nombre de aquella
persona es Alexia McFly, pero por el momento se ha cambiado el nombre con la ayuda
del FBI.
Me tomará un tiempo encontrarla. Dadas las circunstancias, su nuevo
nombre no aparece por ningún lado, ni siquiera los del FBI lo tienen, ya que
alguien borró aquella información del disco duro de la memoria madre.
Si quieres encontrarme tendrás que seguir una serie de pistas que sólo
tú sabes. Tendrás que empezar en la estación de trenes donde nos separamos la
última vez, tú sabes dónde. En uno de los costados de la estación hay una pila
de casilleros. En uno de ellos debe estar en número 0936, la contraseña para
abrirlo es el día que encontraste a tu hermano. Lo que encuentres te ayudará a
seguir tu camino.
Te deseo mucha suerte en tu
misión, espero que encuentres a ese bastardo de McCarthy y que lo tortures como
a una rata asquerosa.
Te amo con toda el alma… Jane».
Una a una, Mike siguió las
pistas de Jane con el máximo de cuidado para que no lo siguieran hasta el
paradero de su novia. La ansiedad que corría por sus venas se intensificaba
cada vez que llegaba a una nueva pista, ya que significaba que estaba más cerca
de su amor. Y así llegó a la última pista. Era en un lugar que sólo ellos
conocían, porque era aquel donde solían juntarse después de sus riesgosas
misiones: la última habitación del último piso de 47 Plaza Street West.
El hotel donde se hospedaban
miraba precisamente a la Biblioteca Pública de Brooklyn, que era el lugar donde
Janina recibía secretamente sus misiones. Cuando Mike llegó al departamento,
vio que todo estaba totalmente desordenado, todo estaba en el en piso: muebles,
ropa, mapas, papales… realmente parecía que la habitación fue irrumpida por alguien
que, con muchas ansias, deseaba encontrar algo importante.
–– Ella se fue –Una voz
desconocida se asomó entre las sombras, una voz profunda y masculina. Mike se
acercó desconfiadamente hacía la voz, que provenía de la habitación contigua.
La oscuridad de la noche no ayudaba a identificar el rostro de aquel que podía
conocer el camino hacía Jane, menos la luna llena que se asomaba por la ventana.
– Janina tuvo algunas complicaciones con la chica que tenía que asesinar. Esa mujer
de veras es minuciosa cuando tiene que esconderse.
–– ¿Y tú quién eres? –preguntó a
la sombra junto a la ventana de la habitación. Desde la oscuridad la imagen de
un hombre se levantó y encaminó hacia Mike.
–– Sólo soy la sombra que habla…
Tú debes ser Michael Turner, ¿no? –Mike se sorprendió de sobremanera cuando
escuchó su verdadero nombre, ya que suponía que para todos aquellos que conocían
a Artemiz OPH, conocían a su líder como Noah Urie. Le aclaró que él era otra
persona, no quien la sombra creía. – Si no eres quien creo que eres, ¿qué haces
aquí?
–– Sólo soy un amigo de la
persona que vivía aquí. ¿Tú hiciste todo esto?
El hombre detrás de la oscuridad
sólo respondía lo que tenía que responder, nada más ni nada menos. Lo que otro
quería averiguar tenía que hacerlo por sus propios medios. Mike sabía que el
hombre iba a permanecer en las sombras dado a su identidad; al parecer quería
ser sólo una incógnita más en la lista de Michael Turner. Sin embargo, la
sombra no esperaba que Mike hiciera un audaz movimiento y encendiera todas las
luces de emergencia del departamento y sacara su arma para apuntarle en la
cabeza. La sombra que hablaba quedó al descubierto, era un hombre alto y de
músculos trabajados. Tenía unos claros ojos pardos y notorias facciones
latinas. El hombre que Mike tenía en frente jamás lo había visto en su vida. Su
nombre era…
–– Anthony Peterson, un amigo –respondió
el desconocido. – Si me ayudas, es posible que encontremos a la chica que
sobrevivió al accidente.
–– ¿Qué accidente…? –preguntó Mike.
–– El que sufrió tu novia junto
a su misión.
Era un hecho, Mike no quería
escuchar el nombre de la mujer que había sobrevivido al accidente, ya que tenía
el leve sentimiento de que era ella quien no lo había hecho. Tony le prometió
que le ayudaría a encontrar a Janina –si es que estaba viva– si Mike se
comprometía a tenderle una mano cuando la necesitara. Él bajó lentamente su
arma y con un apretón de manos sellaron un trato que podía romperse con una
sola señal de deslealtad.
«Los caminos para encontrar la verdadera razón de nuestra existencia son diversos, pero todos tienen una conexión escondida para cambiar de camino si tomamos el equivocado.»
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