marzo 06, 2013

COMO AYER - Capítulo II


CAPÍTULO  II  
(« NARRACIÓN CHRISTOPHER »)


–– La verdad es que estoy aquí de casualidad –respondió Dan. – Me echaron del otro colegio por mala conducta. Es raro viniéndome de mí, buenas notas y mala conducta… una perfecta combinación de maldad.
–– ¿Por qué no te vas? Me contaminas el aire en donde quiera que estés –expresé.
–– Que raro, no dijiste eso hace tres años, ¿recuerdas?

Totalmente es un secreto que quiero enterrar, ya que lo que sucedió no es parte de mí, ni mucho menos lo que quiero llegar a ser. Fue hace tres años, cuando estábamos en nuestro último año de primaria. En el pasado cuando tenía catorce años, Dan y yo éramos amigos, de los mejores que uno quisiera ser, pero todo se arruinó por su culpa. Ese año, él me confesó que sentía algo más que amistad por mí, algo totalmente nuevo para mí. Escuchar a mi mejor amigo diciendo que se estaba sintiendo atraído por mí era algo raro, ya que me a mí no me gustan los hombres. No sabía si rechazarlo cruelmente para que se desilusionara y se alejara completamente de mí, dejando de ser amigos, o dejarlo como si nunca lo hubiese escuchado confesándoseme. Pero sin esperarlo todo se convirtió en mucho más que una amistad, pero no una relación. Sin embargo, cuando la fiesta de graduación llegó él no supo controlarse, y en el baño de varones casi sucede lo impensable.

–– ¡Intentaste violarme! –exclamé alterado. Uno a uno los recuerdos se asomaron a mi mente, uniéndose en una película de terror. – ¿Éramos amigos, no?
–– Tú me llevaste a eso, sabías que pasaría, no te hagas el inocente –respondió Dan.
–– De eso estás mal, nunca se me pasó por la cabeza que querías hacerlo conmigo.
–– ¿Mal? Yo te quería y tú no supiste que hacer con lo que yo sentía por ti, algo que aún siento –Dan se veía realmente conmocionado, no sabía cómo reaccionar ante la actitud que él estaba tomando. Pero mi rabia era mucho más que cualquier otro sentimiento que estaba produciendo mi corazón, y con un insulto me desquité de todas aquellas emociones y me marché de ese lugar.

No sabía si estaba haciendo bien o mal, pero ahora creo que hice lo correcto, eran unos sentimientos que nada ni nadie podrían controlar. Para la buena suerte que me quedaba del día, me encontré con Giselle en el paradero de buses y nos fuimos juntos a casa. Giselle además de ser mi mejor amiga, es mi vecina desde hace mucho tiempo y sólo cuando la conocí en el colegio supimos que vivíamos relativamente cerca. Al día siguiente, el profesor de Ed. Física me castigó nuevamente por haber dejado a alguien sin experiencia en las duchas, además de dejarlo sin las llaves para que cerrara la puerta; me dejó como responsable de limpiar las duchas durante toda la semana siguiente. Un fastidio. No sabía si apagar mis oídos a lo que ese tipo me decía o sólo cerrar los ojos y aguantar todo lo que estaba diciendo mientras me imaginaba a mí mismo en un lugar como el paraíso. En la hora de almuerzo, me encontré con un amiga de otra clase –la siguiente a la mía–, Alicia, la mejor amiga de… alguien especial. Pocas veces alcanzo a verla y preguntar por «ella».

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Laura, que nombre más bello. Ese es el nombre del ángel que me ha robado el sueño desde siempre. La conozco desde la infancia, cuando íbamos a la primaria juntos y estábamos en el mismo curso; desde ese preciso momento que me roba los suspiros y no dejo de pensar en ella. Nos tuvimos que separar cuando estábamos en 6º grado, ya que ella viajó fuera de la ciudad por el trabajo de su padre, y sólo después de tres años nos volvimos a encontrar en el mismo colegio en la secundaria, pero no en la misma clase. Fueron sólo tres años los que pudimos estar juntos –en primaria–, pero fueron los tres años más felices de toda mi vida, de lo que he vivido de ella. Somos amigos, pero nuestros intereses académicos nos volvieron a separar uno del otro; y aunque somos buenos amigos, no sabría si confesándole mi amor cambiaría algo para bien.
Cuando me encontré con Alicia, me comentó que le día anterior había ido a visitar a su amiga al hospital y me mandaba sus saludos. Desde muy pequeña, Laura fue propensa a la hepatitis A, o así me lo dijo ella misma.

–– Ella me dijo que la fueras a ver, que te extraña mucho –comentó Alicia.
–– Intentaré hacer eso cuando tenga tiempo.
–– Oye, Chris, ¿has visto a…? –interrumpió Mauricio; se los había acercado de la nada. – Vaya, vaya, pero si es Alicia. ¿Cómo estás, hermosa? –coqueteó. Realmente se veía como que todo fue a propósito, conozco muy bien a Mauricio.
–– «Estaba» mejor, gracias por arruinarlo –expresó Alicia molesta. – Te veo luego, Chris –se despidió Alicia antes de dejarnos solos a Mauricio y a mí. Ambos la vimos irse y se veía bastante molesta por la presencia de mi amigo. Muchos creen que se odian, pero Alicia desde que conoce a Mauricio no le cayó muy bien, sin embargo, él se aprovecha de la situación para molestarla.
–– Bien, ¿a quién buscabas, Mau? –pregunté.
–– La verdad, a nadie. Sólo quería interrumpir –respondió Mauricio. Lo sabía, era cosa de pensar un poco como funciona la mente de este chico respecto a cierta persona. – Y entonces, ¿qué pasó al final con el tal Dan?
–– Me castigaron por su culpa, y…

Sin esperarlo, una sombra me cubrió parte de la mesa, donde estaba mi almuerzo y el de Mauricio. Subimos la mirada para averiguar a quien se le había ocurrido acercarse a nosotros, ya que según la mitad de nuestra generación somos un tanto extraños. Al ver a esa persona, mi mente recordó todo lo que había sucedido el día de mi graduación, y del susto me levanté disparadamente de mi asiento. Era ciertamente Dan, con su cara de idiota. Al parecer iba pasando por nuestro lado cuando pronunciamos su nombre, ya que eso fue lo que primero salió de su boca. Sinceramente, no quería cruzar palabra con aquel ser humano (si es que lo pudiera llamar de esa manera), entonces el rol lo tomó Mauricio, diciendo que el haber pronunciado su nombre era mera casualidad.
En mi interior me daba un poco de rabia tenerlo al lado. Ese Dan, tan metiche. Como el día viernes era nuestro día para retirarnos temprano del colegio, después de clases, le pedí a Giselle que me acompañara al hospital a visitar a mi amada. No tuve que terminar la frase cuando ella aceptó encantada. Giselle es de esa clase persona que te acompaña a todas sin poner alguna excusa tonta. Conversamos de diversas cosas, pero nos entretuvimos más con un tema en particular: una chica que estaba en el taller de cocina en el que participa Giselle. No es un tema muy hablado, ya que la dejamos ser, pero mi amiga gusta más de las mujeres que de los hombres. En realidad ella es lesbiana, pero no nos gusta conversar del tema, dado a que sentimos que Giselle se sentiría incómoda hablando de ese tema con nosotros, que somos hombres.
Al llegar al hospital, junto a Gi –como le digo a Giselle– preguntamos a una de las enfermeras si podíamos visitar a Laura, y la enfermera nos guio a donde ella se encontraba. Me sentía realmente feliz de visitar a Laura, tenía es sentimientos de ansiedad al tope en mi cabeza que no podía dejar de pensar en otra cosa. Después de que nos subimos al ascensor, Gi recibió un mensaje de su madre diciendo que tenía que volver rápidamente a casa.

–– Mi mamá dice que algo surgió en casa –Por el mensaje, al parecer era sumamente importante que fuera a casa. Presioné el botón del piso que seguía y Giselle se bajó luego de despedirnos. Continué mi camino hacia la habitación de Laura y así darle una sorpresa, pero al llegar me encontré con ella besando a otro chico.
–– Eres tan hermosa, Laura –la alagó el chico. No podía creerlo, la chica de mis sueños posiblemente tenía novio, y yo no lo sabía (como dice la canción). Observaba detenidamente como ese tipo le acariciaba su rostro, su cabello, y como la besaba en la frente, en sus manos y en sus carnosos labios natural carmesí. Pero sin querer hice un ruido y ambos vieron a la puerta, lo bueno fue que fui lo bastante rápido para ocultarme detrás de la pared. No podía soportarlo más, y con el corazón en la garganta me apresuré en encontrar a Giselle en el paradero.

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