CAPÍTULO II
(« NARRACIÓN CHRISTOPHER »)
–– La verdad es que estoy aquí
de casualidad –respondió Dan. – Me echaron del otro colegio por mala conducta.
Es raro viniéndome de mí, buenas notas y mala conducta… una perfecta
combinación de maldad.
–– ¿Por qué no te vas? Me
contaminas el aire en donde quiera que estés –expresé.
–– Que raro, no dijiste eso hace
tres años, ¿recuerdas?
Totalmente es un secreto que
quiero enterrar, ya que lo que sucedió no es parte de mí, ni mucho menos lo que
quiero llegar a ser. Fue hace tres años, cuando estábamos en nuestro último año
de primaria. En el pasado cuando tenía catorce años, Dan y yo éramos amigos, de
los mejores que uno quisiera ser, pero todo se arruinó por su culpa. Ese año,
él me confesó que sentía algo más que amistad por mí, algo totalmente nuevo
para mí. Escuchar a mi mejor amigo diciendo que se estaba sintiendo atraído por
mí era algo raro, ya que me a mí no me gustan los hombres. No sabía si
rechazarlo cruelmente para que se desilusionara y se alejara completamente de
mí, dejando de ser amigos, o dejarlo como si nunca lo hubiese escuchado
confesándoseme. Pero sin esperarlo todo se convirtió en mucho más que una
amistad, pero no una relación. Sin embargo, cuando la fiesta de graduación
llegó él no supo controlarse, y en el baño de varones casi sucede lo
impensable.
–– ¡Intentaste violarme!
–exclamé alterado. Uno a uno los recuerdos se asomaron a mi mente, uniéndose en
una película de terror. – ¿Éramos amigos, no?
–– Tú me llevaste a eso, sabías
que pasaría, no te hagas el inocente –respondió Dan.
–– De eso estás mal, nunca se me
pasó por la cabeza que querías hacerlo conmigo.
–– ¿Mal? Yo te quería y tú no
supiste que hacer con lo que yo sentía por ti, algo que aún siento –Dan se veía
realmente conmocionado, no sabía cómo reaccionar ante la actitud que él estaba
tomando. Pero mi rabia era mucho más que cualquier otro sentimiento que estaba
produciendo mi corazón, y con un insulto me desquité de todas aquellas
emociones y me marché de ese lugar.
No sabía si estaba haciendo bien
o mal, pero ahora creo que hice lo correcto, eran unos sentimientos que nada ni
nadie podrían controlar. Para la buena suerte que me quedaba del día, me
encontré con Giselle en el paradero de buses y nos fuimos juntos a casa.
Giselle además de ser mi mejor amiga, es mi vecina desde hace mucho tiempo y
sólo cuando la conocí en el colegio supimos que vivíamos relativamente cerca.
Al día siguiente, el profesor de Ed. Física me castigó nuevamente por haber
dejado a alguien sin experiencia en las duchas, además de dejarlo sin las
llaves para que cerrara la puerta; me dejó como responsable de limpiar las
duchas durante toda la semana siguiente. Un fastidio. No sabía si apagar mis
oídos a lo que ese tipo me decía o sólo cerrar los ojos y aguantar todo lo que
estaba diciendo mientras me imaginaba a mí mismo en un lugar como el paraíso.
En la hora de almuerzo, me encontré con un amiga de otra clase –la siguiente a
la mía–, Alicia, la mejor amiga de… alguien especial. Pocas veces alcanzo a
verla y preguntar por «ella».
.
Laura, que nombre más bello. Ese
es el nombre del ángel que me ha robado el sueño desde siempre. La conozco
desde la infancia, cuando íbamos a la primaria juntos y estábamos en el mismo
curso; desde ese preciso momento que me roba los suspiros y no dejo de pensar
en ella. Nos tuvimos que separar cuando estábamos en 6º grado, ya que ella
viajó fuera de la ciudad por el trabajo de su padre, y sólo después de tres
años nos volvimos a encontrar en el mismo colegio en la secundaria, pero no en
la misma clase. Fueron sólo tres años los que pudimos estar juntos –en
primaria–, pero fueron los tres años más felices de toda mi vida, de lo que he
vivido de ella. Somos amigos, pero nuestros intereses académicos nos volvieron
a separar uno del otro; y aunque somos buenos amigos, no sabría si confesándole
mi amor cambiaría algo para bien.
Cuando me encontré con Alicia,
me comentó que le día anterior había ido a visitar a su amiga al hospital y me
mandaba sus saludos. Desde muy pequeña, Laura fue propensa a la hepatitis A, o
así me lo dijo ella misma.
–– Ella me dijo que la fueras a
ver, que te extraña mucho –comentó Alicia.
–– Intentaré hacer eso cuando
tenga tiempo.
–– Oye, Chris, ¿has visto a…?
–interrumpió Mauricio; se los había acercado de la nada. – Vaya, vaya, pero si
es Alicia. ¿Cómo estás, hermosa? –coqueteó. Realmente se veía como que todo fue
a propósito, conozco muy bien a Mauricio.
–– «Estaba» mejor, gracias por
arruinarlo –expresó Alicia molesta. – Te veo luego, Chris –se despidió Alicia
antes de dejarnos solos a Mauricio y a mí. Ambos la vimos irse y se veía
bastante molesta por la presencia de mi amigo. Muchos creen que se odian, pero
Alicia desde que conoce a Mauricio no le cayó muy bien, sin embargo, él se
aprovecha de la situación para molestarla.
–– Bien, ¿a quién buscabas, Mau?
–pregunté.
–– La verdad, a nadie. Sólo
quería interrumpir –respondió Mauricio. Lo sabía, era cosa de pensar un poco
como funciona la mente de este chico respecto a cierta persona. – Y entonces,
¿qué pasó al final con el tal Dan?
–– Me castigaron por su culpa,
y…
Sin esperarlo, una sombra me
cubrió parte de la mesa, donde estaba mi almuerzo y el de Mauricio. Subimos la
mirada para averiguar a quien se le había ocurrido acercarse a nosotros, ya que
según la mitad de nuestra generación somos un tanto extraños. Al ver a esa
persona, mi mente recordó todo lo que había sucedido el día de mi graduación, y
del susto me levanté disparadamente de mi asiento. Era ciertamente Dan, con su
cara de idiota. Al parecer iba pasando por nuestro lado cuando pronunciamos su
nombre, ya que eso fue lo que primero salió de su boca. Sinceramente, no quería
cruzar palabra con aquel ser humano (si es que lo pudiera llamar de esa
manera), entonces el rol lo tomó Mauricio, diciendo que el haber pronunciado su
nombre era mera casualidad.
En mi interior me daba un poco
de rabia tenerlo al lado. Ese Dan, tan metiche. Como el día viernes era nuestro
día para retirarnos temprano del colegio, después de clases, le pedí a Giselle
que me acompañara al hospital a visitar a mi amada. No tuve que terminar la
frase cuando ella aceptó encantada. Giselle es de esa clase persona que te
acompaña a todas sin poner alguna excusa tonta. Conversamos de diversas cosas,
pero nos entretuvimos más con un tema en particular: una chica que estaba en el
taller de cocina en el que participa Giselle. No es un tema muy hablado, ya que
la dejamos ser, pero mi amiga gusta más de las mujeres que de los hombres. En
realidad ella es lesbiana, pero no nos gusta conversar del tema, dado a que
sentimos que Giselle se sentiría incómoda hablando de ese tema con nosotros,
que somos hombres.
Al llegar al hospital, junto a
Gi –como le digo a Giselle– preguntamos a una de las enfermeras si podíamos
visitar a Laura, y la enfermera nos guio a donde ella se encontraba. Me sentía
realmente feliz de visitar a Laura, tenía es sentimientos de ansiedad al tope
en mi cabeza que no podía dejar de pensar en otra cosa. Después de que nos
subimos al ascensor, Gi recibió un mensaje de su madre diciendo que tenía que
volver rápidamente a casa.
–– Mi mamá dice que algo surgió
en casa –Por el mensaje, al parecer era sumamente importante que fuera a casa.
Presioné el botón del piso que seguía y Giselle se bajó luego de despedirnos.
Continué mi camino hacia la habitación de Laura y así darle una sorpresa, pero
al llegar me encontré con ella besando a otro chico.
–– Eres tan hermosa, Laura –la
alagó el chico. No podía creerlo, la chica de mis sueños posiblemente tenía
novio, y yo no lo sabía (como dice la canción). Observaba detenidamente como
ese tipo le acariciaba su rostro, su cabello, y como la besaba en la frente, en
sus manos y en sus carnosos labios natural carmesí. Pero sin querer hice un
ruido y ambos vieron a la puerta, lo bueno fue que fui lo bastante rápido para
ocultarme detrás de la pared. No podía soportarlo más, y con el corazón en la
garganta me apresuré en encontrar a Giselle en el paradero.
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