El Hospital
(Narración: Alexia McFly)
«Despierta». En mi inconsciente
era todo lo que podía decir, despierta. No sabía dónde me encontraba, todo era
muy confuso. En mi mente sólo estaba el recuerdo de un nombre: Alexia McFly;
quizás era mi nombre, eso era lo que creía. Al parecer estaba recostada en la
cama de un hospital, la sensación de mi cuerpo me lo revelaba. Abrí los ojos y
sólo pude divisar aquella habitación, tan pálida y enfermiza, sólo quería
vomitar.
Me sentía enferma y cansada, y
por lo que sentía a través del tacto, en mi pierna derecha tenía un yeso que me
llegaba hasta la rodilla, en ambos brazos tenía un yeso y una venda, y en gran
parte de mi cabeza –exceptuando mis ojos por supuesto– estaba cubierta por
vendas de gasa. Podía oí que a mi alrededor habían unas máquinas que medían mi
pulso. No podía voltear la cabeza, pero podía sentir que tenía algo en el
brazo, tal vez era una sonda de suero. Cuando ya habían pasado no más de unos
segundos, una enfermera penetró la puerta, entrando a la habitación con una
bitácora en sus manos. No me fijé mucho en lo que estaba o dejaba de hacer,
pero creía que iba a verificar las máquinas, ya que eso es lo que hacen comúnmente
las enfermeras. Ella se dio cuenta que yo estaba despierta, así que con suma
rapidez llamó al doctor que me atendía. Mientras, otra enfermera procedió a
detallarme las indicaciones y sucesos ocurridos antes de que llegara al
hospital. Me indicó que tuve un grave accidente, en el cual resulté con una
grave fractura en la pierna y una lesión en el brazo, y que había permanecido
casi 5 meses en coma.
–– Su nombre aún no lo sabemos,
esperábamos que usted despertara para que nos lo dijera –me informó la
enfermera.
–– En realidad, el único nombre
que se me viene a la mente es Alexia McFly. No sé si ese es mi verdadero nombre
–le confesé.
«¿Por qué tengo dificultad de
decir mi nombre? ¿Será ese mi nombre o acaso es el de alguien más?»: pensaba en
aquellos momentos. Antes de que el doctor llegara sentí que me estaba
desmayando, mi cuerpo se sentía aún cansado y no soportaba seguir con los ojos
abiertos tratando de mantener la conciencia. Caer en el profundo mar del
subconsciente y su envolvente manto no fue una opción para mí, era lo
inevitable. La incandescente luz del día me cegaba por completo, no me quedaba
más que parpadear con gran velocidad. Cuando abrí los ojos me vi a mi misma en
medio de la calle, frente a un vasto parque y una construcción. Leía las calles
intentando ubicarme en el espacio y decían Octava Este y B Avenue. Me extrañaba que mi mente
imaginara un lugar tan real como ese, sin siquiera haber estado en un sector
como aquel.
Comencé a girar sobre mí misma,
con la intención de retener una sobria idea de lo que me rodeaba, lo que
observaba con rapidez no era más que silencio. Me detuve en seco, preocupada al
notar la ausencia de gente en el lugar. Me comencé a preguntar la causa de
tanta ausencia de ciudadanos, por qué no había
nadie que estuviese jugando, conversando o incluso paseando por el
parque. Mi instinto me llevó a parpadear más rápido, y cuando me detuve para
observar con atención el parque, algo me atravesó. Parecía una sombra con el
cuerpo de una mujer, quizás un espíritu. No esperaba que eso me robara todo el
aliento, dificultando mi respiración.
Como todo en los sueños, nunca
sabes que va a suceder. Luego que aquella sombra atravesara todo mi ser, no
pude evitar cerrar los ojos de la impresión, esperando que ya no estuviese ahí;
sin embargo, cuando los abrí nuevamente, todo lo que había sido luz se tornó
oscuridad. Frente a mis ojos se vislumbró el inicio de un fatal accidente. Ya
no estaba sola, pero tampoco podía reconocer a nadie. La catástrofe transcurría
de noche en el mismo lugar donde me encontraba antes de cerrar los ojos, pero
aparecía cortada mientras la veía; con cada parpadeo la escena cambiaba. Era
como si viera una película sobre ese incidente, cada secuencia de imágenes, cada
momento. Con cada parpadeo, mi cuerpo se acercaba cada vez más al auto que
estaba envuelto en llamas frente a mí, el protagonista del infortunio. Mientras
más me acercaba mejor era mi visibilidad para identificar a quienes se estaban
incinerando lentamente. Sus rostros aún no estaban quemados en su totalidad,
pero la curiosidad no termina ahí. Pude ver que una de ella era yo.
Mi cuerpo se empezó a incinerar
lentamente al igual que la chica del auto, y a gritos pedía ayuda a quienes me
rodeaban. Gritaba con todo mi aliento, con todo lo que quedaba por dar. El
dolor me hizo despertar.
–– Calma. Todo está bien –me
decía alguien extraño, quizás un hombre (por su voz), tratando de controlarme.
Tenía miedo de dormir otra vez,
¿qué me iba a aparecer si volvía a cerrar los ojos? ¿Algo peor, quizás? No tuve
el tiempo para razonar sobre mi actuar, ya que mi miedo fue exageradamente tranquilizado
por una dosis de morfina. Intentaba buscar el lado bueno que mi cuerpo fuese
aplacado de tal manera, como si fuese una esquizofrénica. Mas pude encontrar
una respuesta a mi cuestión: mi mente no creó escenas incoherentes llamadas sueños.
Sólo tuve la mente en blanco.
Al
día siguiente, la primera persona que me visitó fue la enfermera de la vez
pasada. Ya no sabía que día era, cuantos habían pasado desde que me durmieron.
La enfermera llevaba nuevamente su bitácora en las manos. Esa vez, luego de pregúntame
cómo me encontraba, quiso saber si había recordado algo sobre el accidente que
me había ocurrido. Lo único que le pude responder fue que en uno de mis sueños
pude identificar un lugar entre las calles Octava Este y B Avenue, que interceptaban
en un parque y una construcción.
–– Señorita, usted fue
encontrada en ese lugar junto a otra persona, una mujer de su misma edad –me
informó ella.
–– ¿Y… cuál es su nombre? –le
pregunté un poco confusa.
–– La joven se llamaba Yasmine
Brown, tenía aproximadamente 24 años. Nadie reclamó su cuerpo –contestó.
–– ¿Eso quiere decir… que está
muerta? –le pregunté conmocionada.
–– Al parecer, así es. Ahora, el
doctor me pidió que le pasara esta caja. No debería pasársela, ya que las
reglas del hospital me lo impiden, pero como el doctor lo permitió diciendo que
la conoce, no puedo hacer nada –me indicó la enfermera mientras me entregaba
una pequeña caja de madera.
Luego de pasarme la caja, la
enfermera se retiró de la habitación. ¿Por qué no recordaba ese nombre, Yasmine
Brown, si ella estaba conmigo el día del choque y posterior incendio? ¿Acaso era
una amiga? ¿O tal vez una compañera de trabajo? La verdad era que tenía muchas
preguntas en la cabeza para contestarlas todas de una vez. No quería acelerarme
por nada, pensaba que todo se iba a resolver tarde o temprano. Más tarde, a la
hora del almuerzo, un doctor se dispuso a examinar mi estado. Tal vez era él el
doctor que me proporcionó la cajita musical, o quizás no.
Él tenía una expresión facial
muy calmada y relajante, y no tenía más de 25 años por lo que se le podía ver
en sus facciones. Vestían ropa casual, aunque llevaba un estetoscopio colgando
del cuello. La verdad no parecía un doctor a simple vista, sólo se le podía
reconocer su profesión gracias al instrumento que colgaba de su cuello y la
identificación de su nombre abrochada a su chaleco.
–– Así que tu eres «Alexia» –me decía en una forma despectiva, aunque su rostro expresara lo contrario.
–– ¿Y usted? ¿Quién es para
hablarme así? –le pregunte directa.
–– Yo soy Dorian Harris, tu doctor.
Y no te enojes, sólo estaba bromeando –se presentaba mientras sonreía.
Se nota que no parecía doctor,
hasta su forma de actual no lo aparentaba. Él, mientras me preguntaba sobre
cómo me sentía anímica y físicamente, comenzó a escuchar los latidos de mi
corazón con su estetoscopio. No sabía si preguntarle sobre la cajita musical,
si él me la había dado o no. En mi mente volaban y nadaban miles de preguntas sin responder, y mi pensamiento
de no preocupación se iba extinguiendo. ¿Cómo alguien que está en un hospital,
no recibe ninguna visita de algún familiar o conocido? ¿Cómo la gente puede ser
tan insensible?
Después de que el doctor me
examinara, interrumpió mi pensamiento con la siguiente frase: –– ¿Sabes quién
eres en realidad?
Yo quedé muy sorprendida y confundida. ¿Cómo no
iba a saber quién era yo? No creo que un accidente pueda afectar tanto la
mente. ¿O sí? Bueno no sé. Hasta que alguien me demuestre lo contrario, yo soy
Alexia McFly. Después de ese suceso, aquel doctor se marchó, dejándome sola en
la habitación. Luego de unos cuantos minutos me dediqué a escuchar la melodía
de la cajita musical, la cual me hizo recordar algo inusual: la cara del doctor
que me acababa de visitar unos años más joven. Me parecía extraño que recordara
una cara que nunca había visto en mi vida…
«Mientras estés consciente de quién eres, serás capaz de fabricar a quién serás en el futuro».
Buu, la otra vez entre y leí esto cc: y no pude comentar porqee me quedaba poca internet y no había ingresado a mi cuenta, entonces por eso no me acuerdo mucho lo que iba a decirte, pero igual quería darte las gracias por haber subido un capítulo bien largo para así entretenerme un poco. Además me dejaste con ganas de saber que le ocurrió, le pasa y que le pasará a Alexia... y por supuesto quien es el guapo doctor, me lo imagino guapo... así que por eso. ccc:
ResponderEliminarBueno, espero que subas el siguiente en cuanto puedas, ¿si?