El Escondite
(Narración: Mike Turner)
(Narración: Mike Turner)
Los
recuerdos son difusos, como si nunca hubieran existido. No sé cómo llegué ahí,
pero me encontraba en medio de un bosque, atrapado en lo que parecía una fosa.
Trataba de encontrar la forma escapar del profundo agujero, el cual era difícil
de escalar. Ese día estaba lloviendo, y muy fuerte por lo demás. No sabía si quedarme
ahí y rendirme a ahogarme con el agua que se acumulaba en el agujero, o ayudar
a la lluvia a ayudarme a salir de aquel. La verdad era que no quería morir en
un lugar como ese, me merecía algo mejor. Pensaba en mi novia y en la
posibilidad de volverla a ver algún día. Así que, con todas mis fuerzas, traté
de escalar la pared de barro, ayudándome de las rocas incrustadas en ella. Al
final, con un dolor indescriptible en las manos, salí de ahí y me arrojé a mi
mismo al suelo de barro, exhausto.
Sólo
me quedé ahí, tirado, esperando a que el agua cesara. La mañana salió, la
lluvia se había detenido, dejando ver un inmenso y perfecto sol de primavera.
Yo no me había dado cuenta que mi cansancio había provocado que me durmiera ahí
mismo donde caí sin aire. Me parecía increíble la capacidad de supervivencia
que tienen algunos humanos. Me levanté con la poca fuerza que me quedaba en el
cuerpo y comencé a caminar en direcciones sin sentido. Estaba perdido desde
hace varios días, ¿cómo iba a saber dónde ir? Sin embargo, como un haz de luz,
recordé que mis cosas se habían quedado escondidas en una cueva detrás de unos
árboles y arbustos.
Comencé
a caminar hacía aquel lugar, encontrándome finalmente con la cueva. Pero algo
raro la rodeaba: mis cosas estaban botadas fuera de ella. ¿Quién diablos pudo
haber sacado mis cosas de ahí dentro y dejarlas tiradas como si fueran basura?
Ingeniosamente, me escabullí hasta llegar sigilosamente a la entrada de la
cueva y ver si había alguien dentro de ella. Afortunadamente no había nadie, pero
la existencia de rastros de pisadas dentro y fuera de la cueva me hizo pensar
en la posibilidad que andaban buscando algo..
No
me tomó nada de tiempo guardar las cosas que estaban fuera de mi mochila, me la
colgué al hombro y comencé a caminar hacia la cima de la montaña para
encontrarme con el tipo que me sacaría de ese bosque. Me demoré un día completo
en llegar a la cima y lo único que pude reconocer fue el hermoso paisaje sin
ninguna persona en él. ¿Me habrá dejado botado? ¿Se aburrió de esperarme?
Fueron las primeras preguntas que pasaron por mi mente en aquel instante.
Además sentía un poco de rabia al saber que no tenía ningún teléfono satelital
conmigo, ya que había desaparecido, tal vez antes de caerme a la fosa.
––
¿Pensaste que te dejé botado, Mike? –me preguntó alguien a mis espaldas.
Al
voltearme me di cuenta de que era la persona que me iba a sacar de ahí, John –mi
hermano menor. De la nada, el helicóptero que nos iba a sacar de la montaña llegó
y aterrizó a una distancia exacta para que no nos hiciera daño o algo por el
estilo. Nos subimos con suma rapidez y en un abrir y cerrar de ojos ya
estábamos en el aire. Me preguntaba: «¿Qué estará haciendo Jane en esos
momentos? ¿Se habrá preguntado dónde estoy?». Con sinceridad muy poco me
preocupaba si ella se preguntaba qué estaré haciendo, ya que con su trabajo más
el mío es muy probable que lo último que se nos pase por la cabeza sea el
estado de alguien más. Más probable sea que estemos planeando como salir de un
lío.
Pasaron
algunas horas antes de llegar a un helipuerto cerca de la ciudad. En el transcurso
del viaje me la pasé platicando con John sobre nuestro plan para encontrar un escondite
donde refugiarnos. Comúnmente, nadie se hace enemigo de un grupo de asesinos
profesionales a sueldo, pero este tipo sí. Hace algunos años, tuve un problema
con un magnate que quería hacer «desaparecer» a un individuo que le debía algo.
Mi grupo –y sobre todo yo– no queríamos hacer el trabajo, ya que considerábamos
que debía haber algo detrás de todo eso, algo más sucio. Y por no hacerlo y
rechazar la propuesta, nos declaró la guerra. Además, aquel tipo cree que le
robamos el dinero que iba a pagarnos por el trabajo. Ahora me buscan a mí, vivo
o muerto –más bien vivo, para que ellos me puedan matar.
El sujeto que me contrató es un
magnate de armas. Lo que mucho no saben es que tiene una división de armas
biológicas sin autorización, las cuales están prohibidas en nuestro país. Además, posee su propio
grupo de sicarios. Pero aun teniendo sus propios asesinos, me contrató a mí
para no ensuciarse las manos con «sangre sucia».
Para ser exactos, junto a un
amigo –Marca–, formamos una organización de sicarios, con la intención de asesinar
sujetos importantes considerados basura. Pero hace unos días, con mi equipo
investigamos que todo eso era una farsa, una trampa para destruirnos a mí y a mi
equipo.
–– Hoy, junto a Rock y Lucky, averiguamos que el tipo que
nos contrató está escondido en una isla del Caribe, pero aún no sabemos cuál es
–me informó John.
–– Entonces lo averiguarán con
esto –le entregué una hoja que contenía algunos códigos– Cuando estuve en la
montaña, unos tipos revisaron mis cosas, intentando encontrar esta hoja, pero
estaba conmigo.
–– ¿Y qué significan estos
códigos? –me preguntaba John mientras los revisaba.
–– Esperaba que tú me lo
dijeras, o que Vincent
lo decodificara –le respondí.
–– Vas a tener que esperar hasta
que lleguemos al escondite –me informó John.
–– Que ya no es tan lejos –nos
decía el piloto, Rike. Él sabe conducir todo tipo de tras-portes, desde lo
marino hasta lo aéreo.
Llegamos al helipuerto de una
casa abandonada a las afueras de la ciudad, que además estaba escondida de
caminos y carreteras. Nos bajamos del helicóptero y nos dirigimos al sótano, donde
nos encontramos con los demás y comenzamos a investigar los números descritos
en la hoja. Sin embargo, ninguno del equipo esperaba que Vincent y Bell, que
son los mejores en informática y decodificación, no pudieran encontrar algún
significado para aquel conjunto de números, que nos daría información relevante
sobre nuestro cazador.
No teníamos nada, ninguna pista en
absoluto, nada que nos dijera algo incriminador sobre el tipo que me quería
muerto y al resto de mi equipo destruido. Y como si fuera poco, mi mente se
llenaba de preguntas relacionadas con Jane –mi novia. Después de aquella decepción,
me fui a descansar a uno de los cuartos, esperando que el sueño me diera
concilio. Esa noche, entre las cortinas moradas que rodeaban la habitación,
pude divisar la figura femenina de un recuerdo. En la imaginación de un hombre
enamorado no cabe la palabra desesperanza, por lo menos en la mía no. Aquella
imagen me hizo reflexionar sobre mi futuro reencuentro con Jane, la mujer que
me roba el aliento.
Al día siguiente, los golpes de John
y Lucas en la puerta me despertaron del sueño más profundo que había tenido jamás.
Me levanté con molestia de la cama y me acerqué a la puerta para abrirles. Tenía
la intención de, una vez que entraran, golpearlos hasta el cansancio por
haberme despertado. Estaba recién en pies, o sea que tenía todas mis fuerzas
recargadas. Al entrar ellos, me empujaron hacia atrás y cerraron la puerta con
llave, quitándome todas mis ilusiones de descargarme en ellos. Lucas y John me
sentaron en la cama y comenzaron a interrogarme sobre lo que sucedió en
realidad en la montaña.
–– Ya se los dije, me empujaron
hacia el agujero en la tierra y cuando pude salir me di cuenta que la cueva
había sido hurgada…
–– Eso ya lo sabemos, pero
¿revisaste tu mochila antes de encontrarte conmigo? –me preguntó John muy
preocupado
–– Johnny, créeme. No guardaron
nada en mi mochila –les dije convencido a John y a Lucas.
–– Entonces, ¿cómo explicas que
hay un localizador en tu mochila? –me preguntó Lucas bastante molesto.
No lo comprendía, ¿cómo y cuándo
pudo haber llegado ese localizador a mi mochila? Estaba completamente seguro de
que estaba vacía cuando la tomé, no se sentía ningún peso. Tenía que averiguarlo
antes de que aquel artefacto les diese a ese tipo y su grupo de matones nuestra
ubicación exacta. Lucas me mostró el aparato y era una cosa minúscula, que estaba pegada a la espalda de la mochila.
Tan pronto como pudieron mis piernas y las de Lucas y John llegamos a la
habitación de Vincent y Jerry, para que nos dijeran como desactivar aquel
localizador. Pero nuestra suerte ya estaba dada, y el instrumento ya no podía ser ni destruido ni
desactivado. Así que junto a John y Lucas nos subimos a nuestras motos y lo llevamos
muy lejos del escondite, cerca de la carretera para que no nos descubrieran.
Pero ya era demasiado tarde, los autos del maldito de McCarthy, el tipo que me
contrató y nos tendió la trampa, ya casi estaban en la entrada del camino de
nuestro escondite.
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