diciembre 18, 2012

MEMORIA - Capítulo 02


El Escondite

(Narración: Mike Turner)


Los recuerdos son difusos, como si nunca hubieran existido. No sé cómo llegué ahí, pero me encontraba en medio de un bosque, atrapado en lo que parecía una fosa. Trataba de encontrar la forma escapar del profundo agujero, el cual era difícil de escalar. Ese día estaba lloviendo, y muy fuerte por lo demás. No sabía si quedarme ahí y rendirme a ahogarme con el agua que se acumulaba en el agujero, o ayudar a la lluvia a ayudarme a salir de aquel. La verdad era que no quería morir en un lugar como ese, me merecía algo mejor. Pensaba en mi novia y en la posibilidad de volverla a ver algún día. Así que, con todas mis fuerzas, traté de escalar la pared de barro, ayudándome de las rocas incrustadas en ella. Al final, con un dolor indescriptible en las manos, salí de ahí y me arrojé a mi mismo al suelo de barro, exhausto.
Sólo me quedé ahí, tirado, esperando a que el agua cesara. La mañana salió, la lluvia se había detenido, dejando ver un inmenso y perfecto sol de primavera. Yo no me había dado cuenta que mi cansancio había provocado que me durmiera ahí mismo donde caí sin aire. Me parecía increíble la capacidad de supervivencia que tienen algunos humanos. Me levanté con la poca fuerza que me quedaba en el cuerpo y comencé a caminar en direcciones sin sentido. Estaba perdido desde hace varios días, ¿cómo iba a saber dónde ir? Sin embargo, como un haz de luz, recordé que mis cosas se habían quedado escondidas en una cueva detrás de unos árboles y arbustos.
Comencé a caminar hacía aquel lugar, encontrándome finalmente con la cueva. Pero algo raro la rodeaba: mis cosas estaban botadas fuera de ella. ¿Quién diablos pudo haber sacado mis cosas de ahí dentro y dejarlas tiradas como si fueran basura? Ingeniosamente, me escabullí hasta llegar sigilosamente a la entrada de la cueva y ver si había alguien dentro de ella. Afortunadamente no había nadie, pero la existencia de rastros de pisadas dentro y fuera de la cueva me hizo pensar en la posibilidad que andaban buscando algo..


No me tomó nada de tiempo guardar las cosas que estaban fuera de mi mochila, me la colgué al hombro y comencé a caminar hacia la cima de la montaña para encontrarme con el tipo que me sacaría de ese bosque. Me demoré un día completo en llegar a la cima y lo único que pude reconocer fue el hermoso paisaje sin ninguna persona en él. ¿Me habrá dejado botado? ¿Se aburrió de esperarme? Fueron las primeras preguntas que pasaron por mi mente en aquel instante. Además sentía un poco de rabia al saber que no tenía ningún teléfono satelital conmigo, ya que había desaparecido, tal vez antes de caerme a la fosa.

–– ¿Pensaste que te dejé botado, Mike? –me preguntó alguien a mis espaldas.

Al voltearme me di cuenta de que era la persona que me iba a sacar de ahí, John –mi hermano menor. De la nada, el helicóptero que nos iba a sacar de la montaña llegó y aterrizó a una distancia exacta para que no nos hiciera daño o algo por el estilo. Nos subimos con suma rapidez y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en el aire. Me preguntaba: «¿Qué estará haciendo Jane en esos momentos? ¿Se habrá preguntado dónde estoy?». Con sinceridad muy poco me preocupaba si ella se preguntaba qué estaré haciendo, ya que con su trabajo más el mío es muy probable que lo último que se nos pase por la cabeza sea el estado de alguien más. Más probable sea que estemos planeando como salir de un lío.
Pasaron algunas horas antes de llegar a un helipuerto cerca de la ciudad. En el transcurso del viaje me la pasé platicando con John sobre nuestro plan para encontrar un escondite donde refugiarnos. Comúnmente, nadie se hace enemigo de un grupo de asesinos profesionales a sueldo, pero este tipo sí. Hace algunos años, tuve un problema con un magnate que quería hacer «desaparecer» a un individuo que le debía algo. Mi grupo –y sobre todo yo– no queríamos hacer el trabajo, ya que considerábamos que debía haber algo detrás de todo eso, algo más sucio. Y por no hacerlo y rechazar la propuesta, nos declaró la guerra. Además, aquel tipo cree que le robamos el dinero que iba a pagarnos por el trabajo. Ahora me buscan a mí, vivo o muerto –más bien vivo, para que ellos me puedan matar.

El sujeto que me contrató es un magnate de armas. Lo que mucho no saben es que tiene una división de armas biológicas sin autorización, las cuales están prohibidas en nuestro país. Además, posee su propio grupo de sicarios. Pero aun teniendo sus propios asesinos, me contrató a mí para no ensuciarse las manos con «sangre sucia».
Para ser exactos, junto a un amigo –Marca–, formamos una organización de sicarios, con la intención de asesinar sujetos importantes considerados basura. Pero hace unos días, con mi equipo investigamos que todo eso era una farsa, una trampa para destruirnos a mí y a mi equipo.

–– Hoy, junto a Rock y Lucky, averiguamos que el tipo que nos contrató está escondido en una isla del Caribe, pero aún no sabemos cuál es –me informó John.
–– Entonces lo averiguarán con esto –le entregué una hoja que contenía algunos códigos– Cuando estuve en la montaña, unos tipos revisaron mis cosas, intentando encontrar esta hoja, pero estaba conmigo.
–– ¿Y qué significan estos códigos? –me preguntaba John mientras los revisaba.
–– Esperaba que tú me lo dijeras, o que Vincent lo decodificara –le respondí.
–– Vas a tener que esperar hasta que lleguemos al escondite –me informó John.
–– Que ya no es tan lejos –nos decía el piloto, Rike. Él sabe conducir todo tipo de tras-portes, desde lo marino hasta lo aéreo.

Llegamos al helipuerto de una casa abandonada a las afueras de la ciudad, que además estaba escondida de caminos y carreteras. Nos bajamos del helicóptero y nos dirigimos al sótano, donde nos encontramos con los demás y comenzamos a investigar los números descritos en la hoja. Sin embargo, ninguno del equipo esperaba que Vincent y Bell, que son los mejores en informática y decodificación, no pudieran encontrar algún significado para aquel conjunto de números, que nos daría información relevante sobre nuestro cazador.
No teníamos nada, ninguna pista en absoluto, nada que nos dijera algo incriminador sobre el tipo que me quería muerto y al resto de mi equipo destruido. Y como si fuera poco, mi mente se llenaba de preguntas relacionadas con Jane –mi novia. Después de aquella decepción, me fui a descansar a uno de los cuartos, esperando que el sueño me diera concilio. Esa noche, entre las cortinas moradas que rodeaban la habitación, pude divisar la figura femenina de un recuerdo. En la imaginación de un hombre enamorado no cabe la palabra desesperanza, por lo menos en la mía no. Aquella imagen me hizo reflexionar sobre mi futuro reencuentro con Jane, la mujer que me roba el aliento.
Al día siguiente, los golpes de John y Lucas en la puerta me despertaron del sueño más profundo que había tenido jamás. Me levanté con molestia de la cama y me acerqué a la puerta para abrirles. Tenía la intención de, una vez que entraran, golpearlos hasta el cansancio por haberme despertado. Estaba recién en pies, o sea que tenía todas mis fuerzas recargadas. Al entrar ellos, me empujaron hacia atrás y cerraron la puerta con llave, quitándome todas mis ilusiones de descargarme en ellos. Lucas y John me sentaron en la cama y comenzaron a interrogarme sobre lo que sucedió en realidad en la montaña.

–– Ya se los dije, me empujaron hacia el agujero en la tierra y cuando pude salir me di cuenta que la cueva había sido hurgada…
–– Eso ya lo sabemos, pero ¿revisaste tu mochila antes de encontrarte conmigo? –me preguntó John muy preocupado
–– Johnny, créeme. No guardaron nada en mi mochila –les dije convencido a John y a Lucas.
–– Entonces, ¿cómo explicas que hay un localizador en tu mochila? –me preguntó Lucas bastante molesto.

No lo comprendía, ¿cómo y cuándo pudo haber llegado ese localizador a mi mochila? Estaba completamente seguro de que estaba vacía cuando la tomé, no se sentía ningún peso. Tenía que averiguarlo antes de que aquel artefacto les diese a ese tipo y su grupo de matones nuestra ubicación exacta. Lucas me mostró el aparato y era una cosa minúscula,  que estaba pegada a la espalda de la mochila. Tan pronto como pudieron mis piernas y las de Lucas y John llegamos a la habitación de Vincent y Jerry, para que nos dijeran como desactivar aquel localizador. Pero nuestra suerte ya estaba dada, y el instrumento ya no podía ser ni destruido ni desactivado. Así que junto a John y Lucas nos subimos a nuestras motos y lo llevamos muy lejos del escondite, cerca de la carretera para que no nos descubrieran. Pero ya era demasiado tarde, los autos del maldito de McCarthy, el tipo que me contrató y nos tendió la trampa, ya casi estaban en la entrada del camino de nuestro escondite.



«Cuando el peligro sea inminente y sólo estemos tú y yo, ¿juguemos a las escondidas?»

No hay comentarios:

Publicar un comentario